sábado, 24 de noviembre de 2012

Historias inventadas (Que bien huele)



Tropecé y caí de bruces entre sus muslos, su coño era como un nuevo planeta, yo no quería levantarme pero unas manos me acariciaron la cabeza.
"Levántate cariño, ya seguirás otro día" mi cara debía ser la del tío más tonto y más feliz de la tierra, ¿o...o...otro di...di...día?

Nunca olvidaré aquella clase de los planetas, creo que desde entonces soy como soy, divino sistema solar.  

Aquel día mi vida cambio, era un niño muy niño, y tropecé al llegar junto a la mesa de la profesora, ella llevaba una falda corta y no llevaba bragas, y no se como hice pero mi cara se clavo en su sexo. Allí estaba, oliéndolo, sintiendo el roce de sus pelos en mi nariz. No me moví hasta que ella, muy delicadamente me apartó, me miró y me sonrió, “ya seguirás otro día”, pero ¿cómo otro día? ¿Seguir dónde? Debía referirse a mi exposición de los planetas en la pizarra claro, pero yo no sabía bien, estaba confundido, sonrojado, asustado, perdido, los compañeros se reían, y yo me tocaba la nariz y seguía oliéndolo.

¿Por qué no llevaba bragas? Nunca lo comprendí. Estábamos en clase, ella estaba rodeada de niños pequeños, así que eso no podía excitarla. Lo más probable es que algún otro profesor se las hubiera quitado, las llevaría en su bolsillo, como un recuerdo, como una conquista, como un trofeo.

Soledad era una mujer preciosa, o eso nos parecía a todos los niñatos de su clase, estaba buenísima, morena, alta, digo yo, y con un cuerpo de vértigo. Aquel día me enamoré.
 Y con el tiempo le cogí gustillo al asunto, comer potorros es mi pasión, no puedo remediarlo, me los comería hasta que se me cuartearan las comisuras de los labios. Cada vez que lo consigo, que no es muy a menudo, me acuerdo del sistema solar, de Soledad, y de aquel olor imborrable. Cosas de niños.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Algo más de un año.

Hoy hace ya un año, algo más de un año ya.
Parece que no hace tanto pero la verdad es que sí. Y se nota, hay días que ni me acuerdo, y cuando me doy cuenta que no me he acordado pienso en el tiempo que hace, y entonces me doy cuenta de que no hay días que no me acuerde. Lo que si es cierto es que hay muchos momentos en los que pienso en otras cosas, noches que no sueño con ella, mañanas que al despertar solo pienso en levantarme para ir al trabajo, tardes de siesta, noches de fútbol, y por supuesto cuando estoy con otra gente.
En soledad es peor, pero ya no la añoro. La recuerdo, la echo de menos, pero quizá no a ella, sino a esos momentos, a aquella vida que pensé eterna, y que un día desapareció para siempre.
Ahora mi vida es otra, ni mejor ni peor, diferente. Y estoy bien. Las obligaciones son menos, y también son menos las alegrías y los disgustos. Más vale solo que mal acompañado.